La Inteligencia Emocional es la capacidad de identificar las emociones (las de uno mismo y las de los demás) y saber gestionarlas con conductas adecuadas que nos ayuden a logar nuestras metas.
Aquí entran en juego aspectos tales como el autoconocimiento, la autorregulación, la automotivación, la empatía y las habilidades sociales.
Estamos hablando de Inteligencia Intrapersonal y de Inteligencia Interpersonal. Cuando somos capaces de llegar a un equilibrio entre ambas podemos llegar a experimentar una de las emociones básicas: la Alegría.
Los expertos hablan de seis emociones básicas (algunos las reducen a las cuatro primeras):
1.- Tristeza2.- Enfado
3.- Alegría
4.- Miedo
5.- Asco
6.- Sorpresa
Desde que empecé con el blog, siempre he querido tratar el tema del Miedo.
Y lo pongo con mayúscula, porque el miedo puede llegar a alcanzar una repercusión capital en nuestras vidas, hasta el punto de marcar la diferencia entre ser una persona feliz o no serlo.
Todos sabemos que el miedo aparece cuando percibimos un peligro. Según la Wikipedia, el miedo puede ser real, si la dimensión del miedo está en correspondencia con la dimensión de la amenaza que lo causa, o neurótico, si la dimensión del miedo no está en correspondencia con la dimensión de la amenaza.
A mí me interesan sobre todo los segundos, junto con los miedos irracionales, que son muchos en la infancia.
Pero hoy me centraré en los miedos neuróticos que tenemos los adultos y que muchas veces, sin darnos cuenta, trasladamos a los niños.
Frases como "cuidado, bájate de ahí, que te vas a caer", "déjalo que te vas a hacer daño", "no vayas que te vas a perder" a veces responden más al temor de los adultos que a la situación real.
Con ellas estamos generando inseguridad en el niño, le transmitimos la falsa creencia de que no es capaz, le privamos de la oportunidad de explorar y descubrir sus propias capacidades, en definitiva, le cortamos las alas, les limitamos en su desarrollo y aprendizaje.
Hemos de aprender a controlar nuestros miedos, cosa que no es nada fácil porque controlar las emociones es complicado. Pero se puede conseguir ¿cómo? He indagado un poco y quiero compartir con vosotros algunas propuestas:
1.- A través del pensamiento. No podemos controlar nuestras emociones, pero sí nuestros pensamientos. Cuando detectemos un pensamiento que nos produce miedo, podemos sustituirlo por otro pensamiento positivo. Por ejemplo: si pienso que el niño se va a caer del columpio, puedo pararme a pensar "mi hijo es un niño inteligente. Él tampoco quiere caerse y tiene los recursos suficientes como para saber cómo ha de montar sin caerse". Puede ayudar conectar con nuestro niño interior, recordarnos a nosotros mismos de niños, en esa situación. Recordar qué recursos utilizábamos nosotros. Así cambiamos el punto de vista y podemos empatizar más con los sentimientos del niño en ese momento.
2.- Mediante la visualización. A todos nos ha ocurrido alguna vez que al sentir ese miedo, automáticamente vemos a nuestro pequeño cayendo del columpio, lo vemos en nuestra mente, mientras él está tan feliz ajeno a todo lo que está pasando por nuestra cabeza... Pues bien, una vez que detectemos el miedo y hayamos sustituido el pensamiento negativo por uno positivo, podemos dar un paso más e imaginar que nuestro hijo no cae, sino que sigue columpiándose tranquilamente, utilizando sus propios recursos para evitar la tan temida caída del ejemplo. Hemos de verle así en nuestra mente de la forma más realista posible, reproduciendo los sonidos, los colores, las sensaciones que vivimos en esa situación que nos genera miedo.
3.- Mediante la acción. Cuando uno tiene miedo a algo, lo mejor que puede hacer es no dejarse paralizar por el miedo, sino actuar para conseguir lo que quiere. En este caso, la acción consistiría en no transmitir nuestro miedo neurótico al niño y sustituir las frases limitantes y catastrofistas por otras que transmitan al niño nuestra confianza en él, a la vez que le ayudamos; por ejemplo, en vez de "cuidado que te vas a caer" podemos decirle "agárrate fuerte para que no te caigas". En lugar de "te vas a hacer daño", podemos decirle "mejor hazlo así", o sustituir el "te vas a perder" por un "puedes ir, pero con cuidado no te despistes de donde estoy y mejor si yo te veo". Es decir, no les privamos de vivir la experiencia, sino que les guiamos para que lo hagan de manera más segura.
Hace tiempo vi en un escaparate el siguiente texto:
porque se volverán palabras.
Cuida tus palabras
porque se transformarán en actos.
Cuida tus actos
porque se harán costumbres.
Cuida tus costumbres
porque forjarán tu carácter.
Cuida tu carácter
porque formará tu destino
y tu destino será tu vida.
El miedo nos limita, nos hace manipulables. Ser valiente no significa no tener miedo, sino ser capaz de afrontarlo mediante el pensamiento y tener el coraje de actuar.
Os quiero recomendar un libro que me encantó en el que encontraréis muchas pautas útiles para el día a día: "Aunque tenga miedo, hágalo igual" de Susan Jeffers.
Y os dejo una reflexión: ¿qué haríais si no tuvierais miedo?
¿Os animáis a dejarnos vuestro comentario? Gracias!



No hay comentarios:
Publicar un comentario