"Educar la mente sin educar el corazón, no es educar en absoluto"-Aristóteles

viernes, 29 de mayo de 2015

Cómo superar los miedos

La Inteligencia Emocional es la capacidad de identificar las emociones (las de uno mismo y las de los demás) y saber gestionarlas con conductas adecuadas que nos ayuden a logar nuestras metas.

Aquí entran en juego aspectos tales como el autoconocimiento, la autorregulación, la automotivación, la empatía y las habilidades sociales.

Estamos hablando de Inteligencia Intrapersonal y de Inteligencia Interpersonal. Cuando somos capaces de llegar a un equilibrio entre ambas podemos llegar a experimentar una de las emociones básicas: la Alegría.

Los expertos hablan de seis emociones básicas (algunos las reducen a las cuatro primeras):

#emociones1.- Tristeza
2.- Enfado
3.- Alegría
4.- Miedo
5.- Asco
6.- Sorpresa

Desde que empecé con el blog, siempre he querido tratar el tema del Miedo.

Y lo pongo con mayúscula, porque el miedo puede llegar a alcanzar una repercusión capital en nuestras vidas, hasta el punto de marcar la diferencia entre ser una persona feliz o no serlo.

Todos sabemos que el miedo aparece cuando percibimos un peligro. Según la Wikipedia, el miedo puede ser real, si la dimensión del miedo está en correspondencia con la dimensión de la amenaza que lo causa, o neurótico,  si la dimensión del miedo no está en correspondencia con la dimensión de la amenaza.

A mí me interesan sobre todo los segundos, junto con los miedos irracionales, que son muchos en la infancia.

Pero hoy me centraré en los miedos neuróticos que tenemos los adultos y que muchas veces, sin darnos cuenta, trasladamos a los niños. 


niño columpiándose


Frases como "cuidado, bájate de ahí,  que te vas a caer", "déjalo que te vas a hacer daño", "no vayas que te vas a perder" a veces responden más al temor de los adultos que a la situación real.  

Con ellas estamos generando inseguridad en el niño, le transmitimos la falsa creencia de que no es capaz, le privamos de la oportunidad de explorar y descubrir sus propias capacidades, en definitiva, le cortamos las alas, les limitamos en su desarrollo y aprendizaje.

niño triste
Hemos de aprender a controlar nuestros miedos, cosa que no es nada fácil porque controlar las emociones es complicado. Pero se puede conseguir ¿cómo? He indagado un poco y quiero compartir con vosotros algunas propuestas:

1.- A través del pensamiento. No podemos controlar nuestras emociones, pero sí nuestros pensamientos. Cuando detectemos un pensamiento que nos produce miedo, podemos sustituirlo por otro pensamiento positivo. Por ejemplo: si pienso que el niño se va a caer del columpio, puedo pararme a pensar "mi hijo es un niño inteligente. Él tampoco quiere caerse y tiene los recursos suficientes como para saber cómo ha de montar sin caerse". Puede ayudar conectar con nuestro niño interior, recordarnos a nosotros mismos de niños, en esa situación. Recordar qué recursos utilizábamos nosotros. Así cambiamos el punto de vista y podemos empatizar más con los sentimientos del niño en ese momento.

2.- Mediante la visualización. A todos nos ha ocurrido alguna vez que al sentir ese miedo, automáticamente vemos a nuestro pequeño cayendo del columpio, lo vemos en nuestra mente, mientras él está tan feliz ajeno a todo lo que está pasando por nuestra cabeza... Pues bien, una vez que detectemos el miedo y hayamos sustituido el pensamiento negativo por uno positivo, podemos dar un paso más e imaginar que nuestro hijo no cae, sino que sigue columpiándose tranquilamente, utilizando sus propios recursos para evitar la tan temida caída del ejemplo. Hemos de verle así en nuestra mente de la forma más realista posible, reproduciendo los sonidos, los colores, las sensaciones que vivimos en esa situación que nos genera miedo.

3.- Mediante la acción. Cuando uno tiene miedo a algo, lo mejor que puede hacer es no dejarse paralizar por el miedo, sino actuar para conseguir lo que quiere. En este caso, la acción consistiría en no transmitir nuestro miedo neurótico al niño y sustituir las frases limitantes y catastrofistas por otras que transmitan al niño nuestra confianza en él, a la vez que le ayudamos; por ejemplo, en vez de "cuidado que te vas a caer" podemos decirle "agárrate fuerte para que no te caigas". En lugar de "te vas a hacer daño", podemos decirle "mejor hazlo así", o sustituir el "te vas a perder" por un "puedes ir, pero con cuidado no te despistes de donde estoy y mejor si yo te veo". Es decir, no les privamos de vivir la experiencia, sino que les guiamos para que lo hagan de manera más segura.

Hace tiempo vi en un escaparate el siguiente texto:

Cuida tus pensamientos
porque se volverán palabras.
Cuida tus palabras
porque se transformarán en actos.
Cuida tus actos
porque se harán costumbres.
Cuida tus costumbres
porque forjarán tu carácter.
Cuida tu carácter
porque formará tu destino
y tu destino será tu vida. 



El miedo nos limita, nos hace manipulables. Ser valiente no significa no tener miedo, sino ser capaz de afrontarlo mediante el pensamiento y tener el coraje de actuar

Os quiero recomendar un libro que me encantó en el que encontraréis muchas pautas útiles para el día a día:  "Aunque tenga miedo, hágalo igual" de Susan Jeffers.

Y os dejo una reflexión: ¿qué haríais si no tuvierais miedo?
¿Os animáis a dejarnos vuestro comentario? Gracias!

martes, 19 de mayo de 2015

Educar en el respeto a la naturaleza: visita a Burrolandia

Hace unos días tuvimos la suerte de poder visitar un lugar  muy peculiar situado en la localidad de Tres Cantos, en Madrid, concretamente en la zona del Monte de Viñuelas.

Se trata de Burrolandia, una finca en la que un grupo de personas voluntarias dedican su tiempo y su cariño al cuidado y perpetuación del burro, una especie animal en peligro de extinción en nuestro país.



Nada más llegar llama la atención ver a algunos ejemplares sueltos que se acercan tranquilos y cariñosos a "saludar" a los visitantes. Hay que ir con cuidado y colocarse siempre de frente a ellos, porque ya sabemos que los animalitos podrían soltar alguna coz y hacernos daño sin querer.




En Burrolandia, los burros tienen espacio suficiente para campar a sus anchas. Se les puede acariciar, pero no montar. Se pueden ver burros de distintas razas, algunos recién nacidos, como el que vimos en nuestra visita que apenas tenía 48 horas de vida. Tendríais que ver cómo le protegía la madre, no se separaba de él.



También hay un caballo que fue rescatado del abandono en condiciones extremas y milagrosamente recuperado por los voluntarios de Burrolandia (¡qué mérito tienen!), mulos, gansos, gallinas, ovejas, cabras, algún cerdo vietnamita....





Algunas cosas curiosas, por ejemplo, nos enseñaron huevos blancos, marrones y...azules,,, sí, azules. Según nos explicó nuestra guía, los pone un tipo de gallina denominado araucana y son bajos en colesterol. Como veis aprendimos muchas cosas, no sólo sobre los burros, sino también de otros animales.

Y es que he de decir que fuimos de la mano de AMAPAMU, la Asociacion Madrileña de Partos Múltiples, por lo que la visita estaba muy orientada a grupos de niños a partir de 3 años, que pudieron recibir las explicaciones de la mano de los guías voluntarios,  dar de comer a los burros, cepillarlos, participar en el aula educativa de Burrolandia coloreando un bonito marcapáginas  y montar en una carreta tirada por un burrito. ¡Se lo pasaron pipa!




Este tipo de actividades son las que Burrolandia realiza normalmente entre semana con colegios y grupos (lo llaman BurroPlanet).

Para familias y particulares  el domingo por la mañana es el día de puertas abiertas, la entrada es gratuita, se puede acceder a la finca y ver los animales por libre. Encontraréis más información en su página web  http://www.amiburro.es/




Una propuesta muy recomendable para que nuestros peques se acerquen al mundo animal de una forma más entrañable y directa, conozcan más cosas de estos bellos animales y disfruten en familia de la naturaleza y las actividades al aire libre. Por cierto que en la finca de Burrolandia también hay un montón de objetos antiguos, un auténtico culto al reciclaje.

El cuidado de un animal por parte de un niño fomenta su sentido de la responsabilidad, su empatía, su sensibilidad, su autoestima. En Burrolandia los monitores conciencian a los visitantes sobre la importancia de cuidar a los animales y tratarles con respeto. Los niños viven una experiencia única en la que además de disfrutar y relajarse se llevan vivencias que no olvidarán nunca y que harán  que fijen mejor en su memoria lo aprendido.

¡Nuestros hijos salieron encantados! Os animamos a ir, seguro que lo pasaréis muy bien.